
HOMENAJE A UN GENIO
Una estructura que se funde con el paisaje y se mimetiza con él, así es el nuevo museo de YSL en Marrakech. El edificio fue proyectado por la oficina de arquitectura francesa Studio KO, fundada por Olivier Marty y Karl Fournier, quienes han hecho obras en todo el mundo y poseen oficinas en Londres, París y Marruecos. Para ellos, la verdadera definición de modernidad se basa en mirar el pasado y cambiarlo o, mejor aún, liberarse de él completamente. Siguiendo esa premisa, crearon este museo, ubicado en la calle que lleva el nombre del modisto, intentando lograr un espacio totalmente vanguardista, tal como le hubiera gustado al genio francés.
Studio KO concibió de tal modo el edificio que la altura del muro circular abierto por arriba oculta todos los edificios colindantes. El dúo investigó en los archivos del modisto para conocer mejor su oficio y dar forma a este imponente monumento de 5.000 m2. Así surgió la fachada de ladrillo de terracota local a modo de la “urdimbre de un tejido”, en el que se combinan las perfectas curvas y ángulos rectos característicos de sus elegantes chaquetas. Al entrar se encuentra un patio interior con el inconfundible logotipo de YSL, el que diseñó el francés Adolphe Mouron Cassandre en 1961. Luego, el museo se divide en una sala para muestras temporales, una biblioteca, con cerca de 6.000 volúmenes; una librería y una cafetería con terraza, todo realizado con bloques y terrazo local. Además, un auditorio con 150 asientos, la única sala hecha de madera, lo que le da a la construcción una misma tonalidad, otro de los sellos de los arquitectos.
Quizá muchos se preguntarán por qué un museo del modisto francés en Marrakech. La primera visita de Saint Laurent a la ciudad se dio el año 1966 y fue nada más mirarla para caer rendido a sus pies, como explicó en varios medios Pierre Bergé, su pareja y socio por varios años. Saint Laurent se sintió tan conmovido por ese lugar que no dudó en comprar una casa en ese mismo viaje. “Compró una casa y volvía regularmente a ella. Por eso se sintió totalmente natural construir -cincuenta años después– un museo dedicado a su obra, la que fue muy influenciada por este país”, contó Bergé poco antes de su propia muerte en septiembre del año pasado.
Es así cómo este lugar combina dos mundos que el modisto llevaba en su corazón: la moda y Marruecos, de hecho Yves compró el Jardín Majorelle –una de las más grandes atracciones turísticas de Marruecos–, lo que denota el profundo afecto que sentía por ese país.
Los arquitectos de Studio KO cuentan que Pierre Bergé “no quería un mausoleo ni un lugar dedicado a la figura de un hombre, sino una zona para los vivos abierta al mundo. Por eso no se planteó como un museo, sino como un centro cultural en el cual celebrar conciertos, exposiciones y conferencias. De ahí que pidiera una sala para las exposiciones temporales en la que presentar a otros artistas y disciplinas”. De la escenografía de este espacio de 400 m2 se encargó Christophe Martin, arquitecto experto en escenografía y museografía. “Quería ofrecer un recorrido de su talento, no una retrospectiva, sino un viaje al corazón de su obra. Es algo más que cincuenta prendas jamás presentadas al público, es el ambiente que los rodea con sus bocetos, sus fotografías y desfiles, y un inmenso, luminoso y radiante retrato suyo que lo envuelve todo”. Así se cumple el deseo del modisto: “Mi sueño es que mis vestidos y dibujos puedan ser estudiados durante años”.








