Efimeredes – Ilustres

Por su capacidad para recuperar el pasado y su rigor geométrico, Rossi se consolidó como una de las figuras más influyentes del siglo XX, siendo el primer italiano en alzar el Premio Pritzker, hace 36 años. Nació en Milán, 1931-1997.
Aldo Rossi construyó un lenguaje universal que definió a la historia de la arquitectura. En un momento en que el Movimiento Moderno empezaba a agotarse en un funcionalismo rígido, Rossi miró hacia atrás para destilar su esencia. Para él, la arquitectura no era un objeto aislado, sino una parte de la memoria colectiva de la ciudad. En 1966, publicó su obra teórica fundamental: La arquitectura de la ciudad.

En este libro, desafió la idea de que la función debe determinar la forma. Sostuvo que las ciudades están compuestas por “hechos urbanos” y monumentos que permanecen a través del tiempo, incluso cuando su uso original cambia. Esta visión dio origen a La Tendenza, un movimiento que defendía la autonomía de la arquitectura basada en la historia y el contexto. El estilo de Rossi es inconfundible por su silencio visual. Sus edificios utilizan formas geométricas puras —triángulos, cilindros y cubos— que evocan una sensación de familiaridad atemporal.
SUS OBRAS MÁS DESTACADAS
• El Cementerio de San Cataldo (Módena): Es quizás su obra más metafísica. Con su bloque cúbico rojo y ventanas perfectamente cuadradas, el cementerio se siente como una “ciudad de los muertos” que dialoga con la tipología clásica italiana.
• El Teatro del Mondo: Construido para la Bienal de Venecia de 1979, esta estructura de madera flotante demostró que la arquitectura podía ser efímera y poderosa al mismo tiempo, recuperando la tradición de los festivales venecianos del siglo XVIII.
La visión de Rossi no se detuvo en la escala urbana. Su incursión en el diseño industrial produjo iconos que hoy consideramos clásicos. Su colaboración con la firma Alessi dio como resultado piezas como la cafetera La Conica, donde aplicó el mismo rigor arquitectónico a un objeto cotidiano, convirtiéndolo en un pequeño monumento doméstico. También está la colección completa de sus vajillas en el Museo Novecento, de Milán.



REDACCIÓN CASAS
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